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“Soy Frankelda”: el stop motion mexicano que deslumbra al cine

La animación mexicana vive un momento histórico con “Soy Frankelda”, una película de fantasía oscura que ha cautivado a la crítica y al público por igual. Dirigida por los hermanos Arturo y Roy Ambriz, la cinta marca un antes y un después en el cine nacional al convertirse en el primer largometraje de stop motion fantástico hecho en México, una hazaña técnica y narrativa que ha sido celebrada por expertos del séptimo arte.

La historia sigue a Frankelda, una escritora del siglo XIX que se adentra en su propia mente para enfrentar a los monstruos que ella misma ha creado. En su viaje, es guiada por un príncipe atormentado y se ve obligada a confrontar los límites entre la realidad y la ficción, en una trama que combina lo onírico, lo filosófico y lo emocional. La película, profundamente simbólica, reflexiona sobre la creatividad, los miedos y la búsqueda de identidad.

El proyecto es resultado de más de cuatro años de trabajo intenso: tres dedicados a la filmación cuadro por cuadro y uno más a la postproducción, distribución y recorrido por festivales. En total, participaron decenas de artistas y artesanos que construyeron a mano más de 50 escenarios y 100 personajes, todos animados mediante la meticulosa técnica del stop motion. Cada textura, sombra y movimiento fue creado con precisión artesanal, logrando una estética única que transporta al espectador a un universo visualmente deslumbrante.

Los hermanos Ambriz, apasionados defensores de la animación manual, describen el stop motion como una “obsesión” y una forma de arte que combina lo tangible con lo emocional. Para ellos, animar figuras y escenarios es una manera de llevar la curiosidad infantil al terreno profesional: “Es como jugar con juguetes, pero a escala cinematográfica”, comentan entre risas. Su intención es reivindicar lo hecho a mano frente al dominio de las imágenes digitales, preservando la calidez y la magia del trabajo físico en pantalla.

El resultado es una obra que combina minuciosidad técnica con profundidad narrativa. Visualmente, “Soy Frankelda” se inspira en los grabados de Gustave Doré para La Divina Comedia y en los matices literarios de Don Quijote de la Mancha. Estos referentes se reflejan en la forma en que la protagonista se sumerge en su mente para explorar sus ideales, sus temores y su rebeldía frente a las normas impuestas.

Para Roy Ambriz, la película es “una sinfonía compuesta de colores, música, imágenes y emociones”, mientras que Arturo la define con una sola palabra: “rebeldía”. Esa rebeldía se encuentra tanto en la trama —una mujer que se niega a ser silenciada— como en el proceso creativo, realizado con recursos limitados, sin depender de grandes estudios o efectos digitales.

El respaldo de Guillermo del Toro, uno de los cineastas más influyentes del mundo, ha sido fundamental. Desde los primeros pasos del proyecto, el director de Pinocho y El laberinto del fauno mostró su apoyo a los Ambriz, destacando el valor artístico y la originalidad de su propuesta. Fiel a su estilo, del Toro incluso recurrió al humor en redes sociales para animar a la audiencia mexicana a acudir a los cines: “Vayan a verla… HDSPM”, escribió, generando una ola de comentarios y reacciones.

No es la primera vez que del Toro impulsa el cine independiente nacional. Consciente de su influencia, el cineasta tapatío ha defendido en múltiples ocasiones a las nuevas generaciones de creadores que apuestan por proyectos distintos y arriesgados, aquellos que rara vez reciben apoyo de las grandes distribuidoras.

Hoy, “Soy Frankelda” no solo representa un logro técnico para el cine mexicano, sino también un manifiesto artístico. Es una celebración de la creatividad, del trabajo artesanal y de la capacidad de soñar en un medio que a menudo privilegia lo comercial sobre lo auténtico.

Los hermanos Ambriz ya contemplan expandir el universo de Frankelda con nuevas historias y posibles secuelas, aunque reconocen que la supervivencia del cine independiente depende del público. “El éxito del cine siempre se mide por cómo le va el primer fin de semana”, señalan, invitando a los espectadores a apoyar las producciones nacionales en las salas.

“Soy Frankelda” no solo demuestra que México puede crear animación de clase mundial, sino que también reitera que, cuando hay pasión, imaginación y constancia, el arte puede abrirse camino entre gigantes.

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