El 6 de agosto de 1945 a las 8:15 de la mañana el ejército de Estados Unidos dejó caer sobre la ciudad de Hiroshima una bomba atómica que destruyó el territorio japonés. En ese ataque más de 150 mil personas resultaron afectadas por la radiación, entre las víctimas estuvo Sadako Sasaki, quien al momento del ataque solo contaba con dos años de edad.
Sadako Sasaki vivía con su familia cerca del puente Misasa, a unos mil 700 metros de distancia donde impactó la bomba atómica. La onda expansiva del “Little Boy” (como fue nombrado el misil estadounidense) lanzó a través de la ventana de su habitación a Sadako que, a pesar de la fuerza de la explosión, parecía no tener ningún daño grave.
Cuando Sadako se reunió con su madre después del impacto, ambas corrieron por las calles destruidas y llenas de habitantes quemadosrogando por agua, pero fueron atrapadas por la “lluvia negra”, una precipitación radioactiva pegajosa y oscura que estaba compuesta de ceniza, agua y restos radiactivos del misil.

Sadako y el deseo de sobrevivir a la radiación
Después de que Sadako cumplió 11 años comenzó a desarrollar una severa hinchazón detrás de las orejas y en el cuello, pero fue a principios de 1955 que los malestares empeoraron y comenzó a tonarse púrpura en las piernas por lo que fue diagnosticada con leucemia maligna aguda.
Con tan solo 12 años, Sadako fue hospitalizada junto a otros niños de su edad que presentaban los mismo síntomas. Los doctores al ver las similitudes en tantos casos comenzaron a sospechar que eran producidos por la radiación que había dejado el impacto de la bomba atómica.
Lamentablemente el pronóstico no era favorable para los “Hibakusha” o sobrevivientes del bombardeo, sin embargo, Sadako aún llena de inocencia y esperanza creía en la leyenda japonesa del Senbazuru que decía “si una persona enferma dobla mil grullas de papel, los dioses le concederán un deseo y la hará saludable de nuevo, permitiéndole vivir por mil años”.
Su deseo de continuar con vida la aferró a esa idea, por lo que comenzó con la tarea de doblar mil grullas de origami. Sus compañeros de clase apoyaron a Sadako en esta misión llevándole todo el papel que pudiera utilizar para convertirlo en una pequeña grulla, así como para acompañarla y charlar con ella mientras realizaba con sus delgadas y pálidas manos cada dobles sobre el papel a pesar del dolor e incomodidad que esta acción pudiera generar.
Tras seis meses en el hospital y con una salud notablemente deteriorada, Sadako Sasaki murió el 25 de octubre de 1955 rodeada de su familia.