Cada año, la fe desborda las calles con la llegada de millones de peregrinos a la Basílica de Guadalupe, pero entre el fervor y las promesas, se esconde una tragedia recurrente: la de los “lomitos” que inician un viaje y terminan en el desamparo. Muchos de estos perros, fieles compañeros o simplemente seguidores del camino, son víctimas de la desorientación o el abandono intencional en la gran urbe capitalina.
Para poner fin a este doloroso ciclo, la Alcaldía Gustavo A. Madero (GAM) ha implementado una medida crucial dentro de su Operativo Basílica 2025: la instalación de un módulo de resguardo especial dedicado a proteger y reunir a estos animales con sus dueños o, de lo contrario, asegurar su bienestar.
Un Refugio en la Fe: El Módulo de Esperanza
El módulo, ubicado estratégicamente en la Calle Fray Juan de Zumárraga, cerca de la Plaza Comercial La Morenita, no solo busca evitar que los perros se pierdan en el caos del 12 de diciembre, sino que lanza un llamado directo a la conciencia de los fieles.
Las autoridades han pedido a la comunidad que, si un perrito se acerca a su grupo, no lo dejen a la deriva. El equipo de resguardo está listo para recibir a aquellos que se encuentren solos o desorientados, ofreciéndoles un espacio seguro mientras sus dueños los buscan antes de retornar a sus lugares de origen.
“Evitemos el abandono. Si un perrito te sigue, dale la oportunidad de estar a salvo”, es el mensaje conmovedor que acompaña la iniciativa, buscando que cada peregrino se convierta en un protector temporal.
¿Por qué se quedan atrás?
El problema es complejo. Si bien algunos perros se suman al andar de los peregrinos en el camino, una parte considerable es abandonada intencionalmente, ya que a los dueños les resulta complicado o costoso llevarlos de vuelta. Otros, simplemente se pierden, aterrorizados por el ruido, la pirotecnia y la inmensa multitud, rompiendo sus correas y quedando a merced de la ciudad.
Organizaciones de bienestar animal han reportado el rescate de entre 100 y 200 perros anualmente en situación vulnerable tras las celebraciones, una cifra que la GAM, junto con otros esfuerzos como el Operativo “Perrito Peregrino”, busca reducir a cero.
Los animales rescatados no quedan desamparados: reciben atención médica, son vacunados, desparasitados y esterilizados. El objetivo final es que cada uno de ellos, después de su calvario peregrino, encuentre una segunda oportunidad y un hogar permanente a través de programas de adopción.
La instalación de este módulo es un reflejo de que la fe y la compasión deben extenderse a todos los seres vivos, asegurando que esta tradición milenaria no deje tras de sí un rastro de corazones solitarios y vidas a la deriva.