Tras dos licitaciones desiertas, la Conagua adjudicó el 14 de agosto a Cox Energy la construcción de la planta desaladora más grande de América Latina en Playas de Rosarito, Baja California, con una inversión de 304 millones de dólares y una capacidad de 190 millones de litros diarios de agua potable para Tijuana, Rosarito y Ensenada.
El contrato fue firmado el 28 de agosto y Banobras registró el inicio oficial de la ejecución el 1 de septiembre de 2026, con fecha de conclusión prevista para agosto de 2029. La obra forma parte del Plan Nacional Hídrico de la presidenta Claudia Sheinbaum y representa la apuesta más ambiciosa de México en infraestructura de agua desde hace décadas. La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, encabezó la colocación de la primera piedra con el respaldo federal.
Dos intentos fallidos antes del sí
Lo que los titulares no contaron: este proyecto tiene historia. La Conagua lanzó dos licitaciones previas que quedaron desiertas antes de convocar el tercer proceso —que finalmente resultó en la adjudicación a Cox. La oferta ganadora fue de 5,291 millones de pesos más IVA, la más baja de las tres empresas invitadas, por debajo de Acciona Aguas México y de Tecno Arrendamientos y Construcciones.
¿Qué construirá Cox y cómo funciona la desalación?
Cox Energy, empresa española con operaciones en 16 países que construyó la mayor desaladora del mundo en Emiratos Árabes Unidos, será responsable de la ingeniería, suministro de equipos y construcción. La tecnología de ósmosis inversaque utilizará funciona empujando agua de mar a alta presión a través de membranas que retienen la sal y los minerales, produciendo agua potable apta para consumo humano. La planta procesará 2,200 litros por segundo, distribuidos así:
- 1,600 l/s para Tijuana
- 300 l/s para Playas de Rosarito
- 300 l/s para Ensenada
La infraestructura incluye 89.6 kilómetros de tubería, seis tanques nuevos y estaciones de bombeo de alta eficiencia.
El problema que resuelve y el que no
Tijuana y Rosarito dependen actualmente del Acueducto Río Colorado-Tijuana, una infraestructura que opera al límite de su capacidad y que enfrenta el riesgo de desabasto ante el retroceso del río Colorado por el cambio climático. La desaladora eliminará esa dependencia para un millón de personas en su primera etapa, aumentando hasta un 45% la disponibilidad de agua para la región.
Lo que la planta no resuelve es la red de distribución interna: si las tuberías domésticas y coloniales siguen deterioradas, el agua potable producida no llegará a todos los hogares por igual.