Habitantes de más de 20 comunidades en torno a la presa Endhó, en Hidalgo, documentaron al menos 42 fallecimientos por cáncer en la comunidad de General Pedro María Anaya, en medio de una crisis ambiental que acumula décadas de aguas residuales del Valle de México, descargas industriales sin tratar y contaminantes detectados en pozos de agua potable.
La presa Endhó, ubicada entre Tula de Allende y Tepetitlán, recibe las descargas del sistema de drenaje del Valle de México y los efluentes de más de 100 fábricas y una refinería instaladas en el corredor industrial del río Tula, la gran mayoría sin tratamiento previo. Desde la década de 1970, las autoridades federales desviaron hacia esta región las aguas pluviales y residuales de la Ciudad de México, convirtiendo el embalse en el receptáculo final de los desechos de más de 20 millones de personas. El resultado, décadas después, es lo que los propios habitantes describen como la fosa séptica más grande del mundo.
Lo que documentó el registro vecinal
En la comunidad General Pedro María Anaya, pobladores realizaron un conteo que identificó al menos 42 fallecimientos relacionados con distintos tipos de cáncer, 15 personas sobrevivientes y seis pacientes que actualmente enfrentan la enfermedad. Los padecimientos incluyen cáncer de estómago, garganta, colon y pulmón. Este registro fue retomado por una investigación del New York Times, que también documentó la presencia de contaminantes en pozos de comunidades de la región.
La precisión que los titulares omiten
Los registros vecinales, los datos de mortalidad y los análisis de agua muestran un escenario que requiere mayor investigación, pero no permiten afirmar que la contaminación de la presa sea responsable de los casos de cáncer documentados. El epidemiólogo Juan Francisco Martínez, exdirector estatal de vigilancia epidemiológica en Hidalgo, reconoció que existe una correlación “obvia, fuerte y coherente”, pero también advirtió que sin estudios epidemiológicos formales no es posible establecer causalidad. La Secretaría de Salud federal no respondió a las preguntas planteadas por los medios durante la investigación.
Los contaminantes que sí están confirmados
Lo que sí está documentado con análisis oficiales es la presencia de plomo, mercurio y otros metales pesados en cantidades que rebasan las normas oficiales, tanto en el agua del embalse como en los siete pozos que la Conagua analizó en 2018, todos contaminados. En septiembre de 2026, la Secretaría de Salud de Hidalgo inició una prueba piloto de detección de cáncer de próstata mediante antígenos prostáticos en comunidades ribereñas, reconociendo implícitamente la necesidad de intervención sanitaria en la zona.
La respuesta institucional y sus límites
En 2026, la Conagua informó sobre el Plan Maestro de Saneamiento y Recuperación de Endhó, que incluye trabajos de fumigación, control del lirio acuático y acciones para reducir riesgos sanitarios en las comunidades ribereñas. Sin embargo, activistas y pobladores señalan que las acciones no abordan el problema de fondo: el volumen de aguas residuales que sigue llegando al embalse desde la Zona Metropolitana del Valle de México no ha disminuido, y las comunidades continúan sin garantía de acceso a agua potable limpia.